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Nunca fui “especialmente bueno”.

Hoy es un día muy especial para mí, porque se cierra un círculo muy importante en mi vida.

Siempre me consideré un buen creativo, de hecho tuve la oportunidad de trabajar en buenas agencias y ganarme algunos premios, sin embargo nunca me consideré un creativo “especialmente bueno” y esto es justo lo que se necesita en una multinacional de publicidad para seguir surgiendo.

Al ser consciente de mis límites veía con preocupación mi futuro, ya que nunca contemplé trabajar en algo distinto a la publicidad. Un buen día, mi amiga Irma Cardona me dijo que necesitaba a alguien que la supliera en una de sus clases y como yo tengo el “no puedo” dañado, me lancé de cabeza.

Siendo profesor descubrí varias cosas, lo primero es que uno cree saber mucho sobre un tema pero saber cosas no garantiza poder enseñarlas, lo segundo es que toda la experiencia laboral no homologa estudios, así que me puse en la tarea de buscar maneras creativas de enseñar y de continuar mis estudios.

En realidad fue más complejo de lo que pensé, lo primero es que nadie se las sabe todas y enseñar más que un trabajo es una responsabilidad social, ya que lo que le dices a alguien puede terminar sonándole el resto de su vida y lo segundo es que para poder estudiar mi maestría, tuve que hacer lo más difícil que he hecho en mis 39 años, separarme de mi familia.

No fue nada fácil comenzar de cero a una edad ya avanzada pero hoy, estoy de nuevo con mi familia y cumpliendo un año en el Poli, una universidad que me ha dado el gusto de volver a trabajar en campañas, ya no como el director creativo sino como el mentor de los futuros directores creativos del país, de volver a la radio cosa que me encantaba desde que estudié en Manizales, pero sobre todo, de enseñar, algo que no solo disfruto mucho, sino algo en lo que los más de mil alumnos que llevo hasta el momento, me consideran “especialmente bueno”.

Gracias Poli. Gracias familia. Gracias alumnos.will

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En serio

Hit me!

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Déjenme decirles una cosa amigos, la vida no es fácil para nadie, ni para mí, ni para ti, ni para el vecino, pero lo bonito de la vida es precisamente que no lo sea. Qué aburrido sería un juego en el que uno siempre gana con facilidad, porque no tendría sabor, no tendría chiste. La agilidad, la astucia, la estrategia con la que sorteas a los adversarios es lo que hace que la victoria sea más dulce.
 
La vida te reparte unas cartas y tú decides cómo jugarlas, te arriesgas a ganar o perder, obviamente, pero cuando decides abandonar el juego ya perdiste, porque no te queda más que sentarte a esperar a que otros terminen de jugar y yo mis amigos, no soy de esos, yo nunca abandono nada, yo juego hasta que me quede sin fichas, porque abandonar un juego cuando se está ganando, es de locos.
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En serio

Me duelen los inocentes

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Me duele el policía lleno de mística en el cumplimiento de su deber, que se levanta cada día con el convencimiento de que su vida le da un aporte real a la sociedad, cuyo noble oficio se ve salpicado con el actuar salvaje de los resentidos que han encontrado en grupos como el ESMAD, una oportunidad de realizar sus desmanes sin consecuencias.

Me duele el taxista trabajador, que día a día se levanta a ganarse la vida de manera honesta, tratando de prestar el mejor servicio, que por el imaginario colectivo entra en el mismo saco de los inadaptados sociales, criminales que se escudan en la montonera para atacar ubers y usuarios de manera por demás terrorista.

Me duele el estudiante de recursos limitados, consciente de su desafío, que se levanta día a día para llenar de orgullo a los padres que le inculcaron valores desde pequeño, pero que tristemente queda prisionero entre aquellos delincuentes que se cuelan en transmilenio o lo destruyen en paros y manifestaciones, como quien desfoga todas las frustraciones de su propia mediocridad en la propiedad pública.

Me duele el político idealista, que tiene dentro de sí la firme creencia de que cambiar las cosas es posible, pero que día a día tiene que nadar entre la porquería de la corrupción y la ineptitud, de quienes se burlan de la institucionalidad y se aprovechan de los baches del sistema.

Me duele el periodista, comprometido con la búsqueda de la verdad, implacable e imparcial, que es comparado con el practicante fanático de memes o la insensible modelo que solo logró conseguir trabajo gracias a su registro en cámaras.

En verdad me duele que mis compatriotas sigan diciendo “país de mierda”, por ver las desgarradoras noticias que vemos día a día, sin preguntarse primero por su participación en la construcción del mundo en el que habita.

Solo puedo pedirle a la gente decente que persista en su integridad, que nos sirve de ejemplo para todos los demás y que vemos en sus simples acciones un acto heroico porque sabemos que no es fácil apartarse del camino del “vivo”, cuya única idea de crecimiento es sacarle ventaja al otro.

¿Quieres un mundo mejor? ¡Hazlo!

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Gente de hoy

La extraordinaria capacidad para incomodarse

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Ser un héroe en una ciudad como Bogotá es fácil, bueno… tal vez fácil no pero ciertamente no sería complicado. No me refiero a andar en capa y calzoncillos pateando rateros y pervertidos en el transmilenio, un héroe se define por la capacidad de hacer algo extraordinario, algo que sea capaz de inspirar al resto y la verdad es que algo tan ordinario como acercar a alguien hasta su casa, aquí sería algo extraordinario.

Hace poco fui a ver a un amigo al aeropuerto, estaba haciendo una escala en un viaje que se presentó por motivos de fuerza mayor, estaba visiblemente afectado por una situación en la que no entraré en detalles y aunque yo sabía que no podía hacer mucho por él, quería ir a verlo y darle una palabra de aliento. Él vio con extrañeza pero con gratitud que yo dedicara un par de horas para encontrarme con él, yo solo sabía que él hubiera hecho lo mismo por mí.

Otro día en una clase de la maestría, el profesor pidió que nos dividiéramos en grupos, yo siempre me hago con los mismos compañeros pero observé que había unas personas que no alcanzaban a llenar la cuota, así que decidí ser parte de su grupo. Una de las compañeras dijo que yo era un caballero y al principio no le entendí a que se refería.

La semana pasada fui a tomarme unas cervezas con un primo que no veía hace tiempo y ya entrado en tragos, me confesó que a él le molesta mucho que yo le pida favores porque lo pongo en una situación incómoda. Lo cierto es que no soy del tipo que pide favores frecuentemente ni a cualquiera, pero aquella charla me dejó dos cosas, una gran decepción de mi primo y la comprensión de por qué les había resultado extraña mi actitud a mi amigo y a mi compañera.

No soy muy consciente de los sacrificios que hace la gente para prestar su colaboración, no porque sea un malagradecido, sino porque para mí es algo natural. No se si sea un tema climático, geográfico o cultural, pero vino a mi mente un concepto sobre el que leí recientemente. En suráfrica existe una regla ética enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre ellas llamada Ubuntu. El Ubunto es una filosofía en la que si puedes ayudar a alguien lo haces, no porque sea una obligación, sino porque eso te define como persona.

Fue entonces cuando me percaté de que la comodidad nos quita humanidad y cuando llega algo que te saca de tu zona de confort, simplemente lo rechazas. No se trata de realizar una titánica proeza como ir a visitar leprosos, alimentar a los mendigos o donar un riñón, si lo haces está genial, pero también estaría genial si haces algo tan simple como ir a ver a un amigo, prestarle ayuda a un compañero o llamar a un familiar por el simple hecho de saber cómo se encuentra.

Una de las cosas que nunca olvidaré fue cuando nació mi primer hijo, no teníamos carro y estaba lloviendo. Llamé a algunas personas para ver si me podían hacer el favor de recogerme pero todos estaban trabajando o con pico y placa, todos incluyendo a una gran amiga, que decidió salir de su trabajo, pedir un carro prestado y pasar por nosotros. Ese día fue nuestra heroína.

En las relaciones interpersonales no debe darse nada por hecho, es un estatus que hay que ganarse día a día. ¿De qué sirve poder irse a tomar unos tragos con alguien si sabes que no vas a poder contar con esa persona cuando lo necesites? Puedes ser una persona llena de defectos, lejos de ser un héroe, pero hay algo que debes tener presente, debes estar dispuesto a “incomodarte” al menos por la gente que quieres.

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Gente de hoy

Este no es el futuro que me prometieron

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Una de mis películas favoritas es la segunda parte de “Volver al Futuro” de la trilogía de Robert Zemeckis. Cuando la ví por primera vez, soñaba con el día de 2015 en que vería autos voladores, los zapatos que se amarran solos o los hologramas anunciando las películas en cartelera. Con algo de desilusión lo único que se ha cumplido es nuestro nostálgico gusto por la música de los 80.
En 1968 Stanley Kubrick, uno de los más grandes directores de todos los tiempos, lanzó su película “2001: Odisea en el espacio”, basada en escritos del famoso autor de ciencia ficción Arthur C. Clarke. Hoy, casi 50 años después, la única odisea que hay es encontrar espacio, pues a donde uno vaya todo está lleno.

Cuando uno escucha 2015 es inevitable pensar en el futuro, pero en realidad lo único medio “futurista” que ha pasado, es que dos manes vestidos de robots ganaron un Grammy. Uno pensaría que superamos todas aquellas cosas que no nos dejaban avanzar como sociedad, pero hoy más que nunca está vigente el machismo, el clasismo, el racismo, entre muchos otros “ismos”. Pensaría uno que en 2015 ya no se usan frases como “murió como un perro”, pero la verdad es que no solo se usa la expresión, sino que además se practica por deportistas profesionales. Uno juraría que ya hemos superado taras medievales como la homofobia, pero hasta los gais se agarran con ellos mismos como Elton John y Dolce & Gabana.

Cosas como los toros, las corralejas, los concursos de belleza de menores de edad, el irrespeto de la ciudadanía a la autoridad o viceversa, son pan de cada día en una época donde supuestamente ya deberíamos haber evitado invasiones extraterrestres o viajado en el tiempo.

Uno pensaría que en esta época, donde la tecnología ha alcanzado avances tan importantes, todo se podría hacer desde tu teléfono celular, pero la triste realidad es que aún se tiene que recorrer el camino de la burocracia para realizar muchos trámites.

Tomemos el colegio de mi hijo por ejemplo. Por cuestiones de mi trabajo mi hijo tuvo que sacar su pasaporte a los 3 meses de edad, un documento que le sirve perfectamente en cualquier país, sin embargo para pasar del jardín al colegio le solicitan el registro civil original. Ok, no hay problema, es apenas natural que una institución pida requerimientos como ese, así que averiguo por internet cómo sacarlo pero no, hay que hacerlo personalmente.

Me dirijo a la notaría en donde lo registramos que curiosamente pareciera que se localiza en un triángulo de las bermudas del transporte porque nada sirve para ir o salir de allá. En estos días de paros y manifestaciones, tomar un taxi es como estar frente a dos exesposos, hay un silencio incómodo hasta que alguno de los dos comienza a echar indirectas. Así que me aventuro a tomar un bus en una ciudad donde debería considerarse como deporte de alto riesgo. Obviamente mi ignorancia en rutas hace que tome el bus que me dejaba más lejos, así que decido caminar el resto.

Llego a las 4 en punto y me cierran la puerta en la cara. Ok, es mi culpa, debí haber averiguado el horario antes de ir. Así que regreso al siguiente día y me encuentro con el temor de todo ciudadano impaciente, una cola. Al no tener alternativa la hago y al llegar a la ventanilla solicito el registro pero me piden un recibo de consignación.
– ¿Cuál consignación?
– ¿No sabía que hay que consignar $6.050 en el banco X para reclamar el documento?
– ¡Claro! ¿acaso luzco como alguien que no sabía?
Lleno de frustración, le pregunto al guardia de seguridad que donde queda el dichoso banco más cercano, a lo que él muy diligentemente contesta que a 10 cuadras hay uno. No pierdo tiempo preguntando por qué eligieron el banco más lejano para sus consignaciones y recorro las 10 cuadras, solo para encontrarme con otra hermosa sorpresa. Hay un cajero electrónico del banco X, pero no hay oficina donde pueda realizar la consignación.

Vuelvo a preguntarle a un noble transeúnte cuando su respuesta hace vibrar la vena de mi frente y me hace recorrer otras 20 cuadras, justo donde el bus me había dejado la primera vez. Ya en el banco y con un dedito del pie bombeando como supernova, tengo que realizar otra megacola, porque como cosa rara de las 5 cajas, solo hay una en funcionamiento.

De regreso a la notaría, oso perturbar a la señorita que conversa por celular, para ver si me puede ayudar con el certificado. “Con gusto, pero después de la señora”. Se trataba de una simpática viejita que seguramente no hablaba en años porque depositó en mí, toda la falta de cordura que la llevó a la notaría ese día.

Finalmente salgo con el papel en la mano, el sol ilumina mi gallarda estampa como si acabara de subir el Everest, pero poco a poco se desdibuja mi sonrisa al recordar que aún falta por sacar el registro civil de mi otro hijo, es ahí cuando añoraría un futuro en el que me aplasta un Terminator.

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Gente de hoy

La ciberimagen

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(Foto de Ana Allen tomada de eltiempo.com)

Freud era más loco que psicólogo, pero de las cosas cuerdas que decía era que la necesidad se satisface por medio de una acción específica, mientras que el deseo a través de la búsqueda de una identidad perceptiva, incluso alucinatoria.

Coco Channel dijo que el lujo es una necesidad que empieza cuando acaba la necesidad, pero aquello que nos ha proveído la ciencia ya no es un lujo, ha llegado a los estratos más modestos y ha ocupado su lugar en la evolución de los objetos de valor.

En la actualidad en los países capitalistas, las relaciones que mantenemos con nuestros celulares son de una co-dependencia total, ya no solo para comunicarnos, sino para guardar recuerdos, para organizar agendas, para pagar las cuentas e incluso, para realizar un seguimiento a nuestro estado físico y médico. Se han convertido en nuestros oráculos para saberlo todo y en nuestros asistentes personales de bolsillo.

La línea entre la humanidad y lo cibernético es cada vez más delgada, los aparatos electrónicos fungen de extensiones de nosotros mismos y son cada vez más humanos, dando cabida a escenarios que solo encontrábamos en la ficción.

Una película en la que podemos ver esta relación es en la ganadora del Oscar “Her” del director norteamericano Spike Jonze. En esta película se plantea la hipótesis de poder entablar una relación amorosa con la personificación del sistema operativo del teléfono móvil, tocando nuevamente el tabú de una relación íntima con los artefactos.

Esta situación podría ser juzgada por la sociedad no desde la moralidad o la ética, sino desde la envidia que despertaría el haber encontrado la felicidad por un medio nada convencional (Jonze tiene experiencia en la personificación de los objetos, fue él quien dirigió el comercial ganador del Grand Prix en Cannes para IKEA en 2002 en el que se burlan de los posibles sentimientos que genere en el espectador una lámpara desechada).

Hoy en día, los celos y el resquemor se han convertido en la nueva divisa, quien despierta más envidias, es quien se posesiona como el macho alfa del grupo. No importa si en realidad se tiene más estatus o no, lo que importa es que nuestra puesta en escena así lo represente.

Al mismo tiempo, los objetos del deseo se han vuelto más intangibles que nunca, prueba de ello son las famosas “selfies”, que ubican a la sociedad en el penúltimo peldaño de la pirámide de Maslow, el de la autoestima, satisfaciendo las necesidades narcisistas de performatividad colectiva a través de imágenes que estretégicamente se colocan en las redes sociales, obteniendo o esperando un “like” o un “fav” como símbolo de la aprobación por parte de los contactos.

Esa imagen, se ha constituido en el nuevo objeto del deseo, la nueva presa a cazar, ya que la pesquisa por la foto perfecta, sumada a la facilidad para tomarla gracias a la tecnología con la que se dispone, hace que se esté dispuesto a tomar todo tipo de riesgos con tal de capturar en cámara el testimonio visual que demuestre lo bien que se esté pasando, lo felices que sea o los objetos de deseo con los que se cuente (o se pretenda contar).

En un futuro donde lo virtual puede superar a lo real ¿cuáles podrían ser los objetos del deseo? Posiblemente lleguemos a tal nivel de convergencia que el deseo, no sea más una variable de la ecuación, ya que cualquiera que sepa manipular el photoshop puede obtener su tan anhelada aprobación social.

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En serio

Inspiración

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Mi papá nunca jugó fútbol conmigo, no me enseñó a montar en bicicleta ni hablamos nunca sobre las mujeres, nunca se preocupó por ser un buen padre por andar ocupado siendo una buena persona, pero curiosamente lo fue, porque lo mejor que un padre puede hacer por un hijo es ser un buen ejemplo.

Con la precisión de un militar siempre se levantó a las 6 en punto de la mañana con un chiste a flor de labios, contándolo a todo el que veía y en ocasiones hasta más de una vez a la misma persona. Siempre fue a trabajar en algo que le gustaba y aunque el tema a mí no me interesaba mucho, siempre admiré la pasión con la que hablaba de ello.

Nunca llegó borracho a la casa, nunca le fue infiel a mi mamá y el único maltrato que recibimos de su parte fue avergonzarnos ante los demás exagerando nuestras cualidades, pues para él, sus hijos siempre fuimos más que superhéroes. Me enseñó a no tomar la vida tan extremadamente en serio, pues si nos ponemos a pensar, todo es un poco gracioso.

La gente suele ver en las figuras de autoridad una obligación de hacer algo por los demás, como el caso de Gabo y el acueducto de Aracataca, pero no se ponen a pensar que lo mejor que puede hacer alguien por otra persona, es brindarle una historia de vida de la que se pueda aprender, un sueño con el que nos veamos identificados, alguien que haya estado en la misma situación que uno y haya logrado salir adelante.

De ahí nace la idea de la página de la Colombianidad, un espacio dejar de hablar mal de Colombia y comenzar a compartir historias de compatriotas que no solo han alcanzado el éxito, sino que además han logrado cambiar el mundo para bien.

Usualmente llegamos a estos pensamientos cuando la muerte abre las puertas de la reflexión y obliga a la mente a pensar en lo bueno que era la persona, pero este amigos míos afortunadamente no es el caso. Mi papá a sus 71 años está más vivo que nunca y aunque no logró cambiar el mundo, sí lo hizo con el mío. Lo amo con cada uno de sus defectos porque es un gran padre y porque me mostró el camino de cómo serlo con mis hijos.

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