Gente de hoy

La extraordinaria capacidad para incomodarse

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Ser un héroe en una ciudad como Bogotá es fácil, bueno… tal vez fácil no pero ciertamente no sería complicado. No me refiero a andar en capa y calzoncillos pateando rateros y pervertidos en el transmilenio, un héroe se define por la capacidad de hacer algo extraordinario, algo que sea capaz de inspirar al resto y la verdad es que algo tan ordinario como acercar a alguien hasta su casa, aquí sería algo extraordinario.

Hace poco fui a ver a un amigo al aeropuerto, estaba haciendo una escala en un viaje que se presentó por motivos de fuerza mayor, estaba visiblemente afectado por una situación en la que no entraré en detalles y aunque yo sabía que no podía hacer mucho por él, quería ir a verlo y darle una palabra de aliento. Él vio con extrañeza pero con gratitud que yo dedicara un par de horas para encontrarme con él, yo solo sabía que él hubiera hecho lo mismo por mí.

Otro día en una clase de la maestría, el profesor pidió que nos dividiéramos en grupos, yo siempre me hago con los mismos compañeros pero observé que había unas personas que no alcanzaban a llenar la cuota, así que decidí ser parte de su grupo. Una de las compañeras dijo que yo era un caballero y al principio no le entendí a que se refería.

La semana pasada fui a tomarme unas cervezas con un primo que no veía hace tiempo y ya entrado en tragos, me confesó que a él le molesta mucho que yo le pida favores porque lo pongo en una situación incómoda. Lo cierto es que no soy del tipo que pide favores frecuentemente ni a cualquiera, pero aquella charla me dejó dos cosas, una gran decepción de mi primo y la comprensión de por qué les había resultado extraña mi actitud a mi amigo y a mi compañera.

No soy muy consciente de los sacrificios que hace la gente para prestar su colaboración, no porque sea un malagradecido, sino porque para mí es algo natural. No se si sea un tema climático, geográfico o cultural, pero vino a mi mente un concepto sobre el que leí recientemente. En suráfrica existe una regla ética enfocada en la lealtad de las personas y las relaciones entre ellas llamada Ubuntu. El Ubunto es una filosofía en la que si puedes ayudar a alguien lo haces, no porque sea una obligación, sino porque eso te define como persona.

Fue entonces cuando me percaté de que la comodidad nos quita humanidad y cuando llega algo que te saca de tu zona de confort, simplemente lo rechazas. No se trata de realizar una titánica proeza como ir a visitar leprosos, alimentar a los mendigos o donar un riñón, si lo haces está genial, pero también estaría genial si haces algo tan simple como ir a ver a un amigo, prestarle ayuda a un compañero o llamar a un familiar por el simple hecho de saber cómo se encuentra.

Una de las cosas que nunca olvidaré fue cuando nació mi primer hijo, no teníamos carro y estaba lloviendo. Llamé a algunas personas para ver si me podían hacer el favor de recogerme pero todos estaban trabajando o con pico y placa, todos incluyendo a una gran amiga, que decidió salir de su trabajo, pedir un carro prestado y pasar por nosotros. Ese día fue nuestra heroína.

En las relaciones interpersonales no debe darse nada por hecho, es un estatus que hay que ganarse día a día. ¿De qué sirve poder irse a tomar unos tragos con alguien si sabes que no vas a poder contar con esa persona cuando lo necesites? Puedes ser una persona llena de defectos, lejos de ser un héroe, pero hay algo que debes tener presente, debes estar dispuesto a “incomodarte” al menos por la gente que quieres.

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