En serio

Un luto que no duele

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Jueves santo de 2014. Mientras unos están conectados a la repetición perpetua de la programación televisiva en semana santa, otros disfrutan del enorme privilegio de no saber qué pasa en el mundo. De repente, como el huracán que destruyó a Macondo una noticia nos revuelca la testa. El más grande que haya dado esta tierra acaba de volverse leyenda.

 

¿Cómo despedir a un héroe de carne y hueso? Si hasta las palabras murieron un poco en este día. Gabo, el dibujante de historias en la mente ha muerto en jueves santo y lejos de resucitar al tercer día, permanecerá eterno en quienes somos creyentes del realismo mágico, en forma de mariposas amarillas que mantienen despierta a la imaginación.

 

Cuando tenía 10 años expuse en el colegio al escritor oriundo de Aracataca Magdalena. 20 años después cuando se me había olvidado todo, decidí irme a conocer otros paisajes. En Perú comenzó y terminó mi expedición, pues escogí como compañero de viaje al retrato más fiel que se haya hecho de latinoamérica, 100 años de soledad. Al leerla supe que debía regresar pues aún no conocía mi propio paisaje, y a pesar de no ser un gran lector puedo asegurar que jamás podré leer algo mejor en mi vida.

 

Pertenezco a una generación que lloró la muerte de Michael Jackson, pero que incomprensiblemente no puede llorar la de Gabo. Pienso que es un luto que no duele porque no fue una persona cercana, pero de ahora en adelante lo será mucho más a través de las obras que pienso devorar una y otra vez.

 

Gracias Gabo por tocar nuestras vidas con tu magia y ahora reúnete con la estirpe de los Buendía, que aunque siendo ficción lograste darles más vida de la que mucha gente del mundo real quisiera tener.

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