En serio

Me duelen los inocentes

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Me duele el policía lleno de mística en el cumplimiento de su deber, que se levanta cada día con el convencimiento de que su vida le da un aporte real a la sociedad, cuyo noble oficio se ve salpicado con el actuar salvaje de los resentidos que han encontrado en grupos como el ESMAD, una oportunidad de realizar sus desmanes sin consecuencias.

Me duele el taxista trabajador, que día a día se levanta a ganarse la vida de manera honesta, tratando de prestar el mejor servicio, que por el imaginario colectivo entra en el mismo saco de los inadaptados sociales, criminales que se escudan en la montonera para atacar ubers y usuarios de manera por demás terrorista.

Me duele el estudiante de recursos limitados, consciente de su desafío, que se levanta día a día para llenar de orgullo a los padres que le inculcaron valores desde pequeño, pero que tristemente queda prisionero entre aquellos delincuentes que se cuelan en transmilenio o lo destruyen en paros y manifestaciones, como quien desfoga todas las frustraciones de su propia mediocridad en la propiedad pública.

Me duele el político idealista, que tiene dentro de sí la firme creencia de que cambiar las cosas es posible, pero que día a día tiene que nadar entre la porquería de la corrupción y la ineptitud, de quienes se burlan de la institucionalidad y se aprovechan de los baches del sistema.

Me duele el periodista, comprometido con la búsqueda de la verdad, implacable e imparcial, que es comparado con el practicante fanático de memes o la insensible modelo que solo logró conseguir trabajo gracias a su registro en cámaras.

En verdad me duele que mis compatriotas sigan diciendo “país de mierda”, por ver las desgarradoras noticias que vemos día a día, sin preguntarse primero por su participación en la construcción del mundo en el que habita.

Solo puedo pedirle a la gente decente que persista en su integridad, que nos sirve de ejemplo para todos los demás y que vemos en sus simples acciones un acto heroico porque sabemos que no es fácil apartarse del camino del “vivo”, cuya única idea de crecimiento es sacarle ventaja al otro.

¿Quieres un mundo mejor? ¡Hazlo!

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